¿Y ahora qué?.
Artículo publicado en GARA por Jabier Sautregi Mentxaca, Director de EGIN, en el tercer aniversario del fascista cierre del diario y de la emisora EGIN IRRATIA.
Jabier Salutregi Mentxaka * Director de
«Egin»
¿Y ahora
qué?
Oficializado y constatado lo sabido, y evidenciado lo sufrido, quizás sea el momento de preguntarse si en las próximas listas que anualmente confeccionan y difunden los organismos internacionales incluirán el cierre de "Egin" y "Egin-Irratia" por ser delito cometido contra la libertad de prensa e información. Sentados a la espera de que ello ocurra, una clásica y tópica pregunta pugna por sobresalir sobre el cúmulo de interrogantes que se nos plantean después de que se descubriera la trampa (ver GARA del pasado jueves día 5) que el juez mago de la Audiencia Nacional utilizó para lograr el cierre de los dos medios. La pregunta es: ¿y ahora qué?
Parece que después de tres años de penumbra legal, y de mezquindad y desamparo judiciales, se abre paso objetivamente ante la opinión pública la terrible idea de que aquello no sólo fue una ignominia sino que constituyó una operación de guerra sucia cuyas consecuencias todavía, al día de hoy, se están sufriendo en Euskal Herria. Unas secuelas en definitiva que se padecen en tanto que "Egin" sigue siendo un botín usurpado de pérfida manera, lo que le configura como uno de los factores que impiden apaciguar la encrespada situación a la que se enfrentan los medios de comunicación en este país.
No deja de ser la intocable figura de los medios de comunicación del españolismo rampante, frente a la imagen de arrumbamiento físico decretado contra "Egin", un ejemplo fehaciente de la diferencia y del agravio. La arrogancia y prepotencias con las que actúan los medios de comunicación social españoles, así como la beligerancia demostradas ante el nacionalismo vasco y contra cualquier idea contraria al discurso del Gobierno del PP, les define como coautores de la persecución feroz, despiadada y tramposa de la idea y de la palabra de la izquierda abertzale. A pesar de la tragedia que porfía por envolver el mundo de la información, y que nadie desea, desde una imparcialidad glaciar se debería admitir que mientras los medios de comunicación es- pañoles aplauden con algarabía, tan chillona como insultante, todos los zurriagazos políticos, camuflados de jurídicos, con los que son perseguidos los medios de comunicación de la izquierda abertzale, desde éstos, aún desde la más dura y ácida crítica, se sigue insistiendo en la defensa de los derechos a la libre expresión de todos.
Sin embargo es constatable y sintomático que además de ocultar esta realidad, los medios de comunicación españoles prefieren mantener el encrespamiento político mediante la constante proclama de su victimismo con el que, sin género a dudas, justifican y jalean la represión de la expresión ajena. Y esto es desarrollar una dialéctica diabólica que, metafóricamen- te, nos conduciría a la conclusión de que las manifestaciones en ese lugar de cita obligada donde drenan su indignación los periodistas vascos, llamado el «peine de los vientos», sólo son utilizadas para acicalar a los cabezas rapadas de la política del reino español y para reivindicar su (y nada más que su) libertad de expresión, y, por obviedad y silencio ante los atropellos contra los medios de la izquierda abertzale, no admitir ninguna otra forma, modo y manera de expresión e información que no sea la suya.
Cumplido hoy el tercer año del cierre de "Egin", nadie de entre todos esos organismos tan celosos de la libertad de expresión, información y prensa ha intentado a título oficial interesarse o informarse sobre cuál es, desde el punto de vista del periódico, desde el punto de vista jurídico, desde el laboral, desde el humano, desde el político y desde el social la visión que del cierre se sostenía y se mantiene por parte de los vapuleados. Ningún responsable de esos sanedrines vacuos y artificiales de periodistas que se agrupan en asociaciones de prensa se ha dignado a romper oficialmente una brizna en favor de la duda ante una posible burrada policial, jurídica y política cometida con el periódico de Hernani.
Con su pusilanimidad, cuando no oprobioso silencio, los periodistas que peinan al viento su legítima indignación cuando la tragedia les zarandea contribuyeron a que el cierre de "Egin" se convirtiera en un paseo triunfal promovido por la osadía de aquel que fue a Turquía a diplomarse en autocracia.
También hoy, tres años después de aquel cierre, cuando el recuerdo se entrevera con la evidencia de la injusticia cometida con "Egin", quiero expresar mi amargura para con todos aquellos que, siendo lo que fueron, periodistas relevantes que se forjaron en la trinchera hoy clausurada, se escondieron en distantes y frías posiciones por puro miedo a perder lo que ganaron, precisamente, por dejar "Egin".
Soy consciente, sin embargo, que sigue sin ser contestada la gran pregunta: ¿y ahora qué?
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